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Las manifestaciones sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo han desempeñado un papel significativo en el origen, desarrollo, y crecimiento de las Asambleas de Dios. Desde el inicio de nuestra denominación, los dones espirituales han sido evidentes en el ministerio de muchas mujeres sobresalientes que fundaron y dirigieron un amplio espectro de ministerios. No era inusual que una mujer casada ministrara a la par de su marido. De vez en cuando, los maridos trabajaban en profesiones seculares para apoyar el ministerio activo de su esposa. Muchas mujeres hasta eligieron privarse del matrimonio para cumplir mejor el ministerio al que el Señor las había llamado. Mujeres valientes sirvieron en las misiones, tanto locales como extranjeras, como misioneras, evangelistas, fundadoras de iglesias, pastoras, educadoras, o cumpliendo otros roles.

Los pentecostales creen que el derramamiento del Espíritu Santo que comenzó a principios del siglo XX es el cumplimiento de la profecía: “Y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas. . . Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28,29; cf. Hechos 2:16-18)1. El hecho de que tanto mujeres como varones profeticen indica su inclusión en los ministerios en el tiempo del nuevo pacto.

La Biblia como autoridad final
 
Si bien la historia y la práctica de las Asambleas de Dios parecen demostrar que Dios bendijo el ministerio público de las mujeres, continúa el debate acerca de cuál es el rol de la mujer en el liderazgo espiritual. Puesto que la Biblia es nuestra autoridad final en torno a todos los asuntos de fe y de praxis, es importante examinar de nuevo sus enseñanzas para asegurarnos de que nuestra aproximación no sea simplemente subjetiva y pragmática.

Es nuestra intención estudiar el texto bíblico de la manera más cuidadosa y objetiva posible, usando reglas establecidas de exégesis e interpretación. Señalaremos elementos de juicio tanto históricos como teológicos.  A la vez, evaluaremos con cuidado textos que se han utilizado tradicionalmente para limitar o anular los ministerios de las mujeres.

Nuestra intención es siempre ser fieles a las enseñanzas de la Biblia, la Palabra inspirada e infalible de Dios para la humanidad. Al mismo tiempo, queremos ser compasivos hacia las personas de otras tradiciones que pueden con sinceridad estar en desacuerdo con nuestros hallazgos. Reconocemos que, de vez en cuando, es necesario llegar a un acuerdo en relación con aspectos no esenciales de la práctica ministerial, a fin de establecer iglesias con la mayor eficacia posible en contextos tradicionalmente patriarcales.

 

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